Lo que hay en tu mirada

Esta pieza nació en la década del 2000, en una época de exploración del territorio instrumental sobre el piano. Durante años vivió solo en mi memoria, sin apuntes, sin registro. Cuando en 2018 armé mi estudio de grabación casero, fue una de las composiciones que rescaté del olvido.

En ese momento, entusiasmado por las posibilidades sonoras, agregué batería, bajo, violines y vientos, todo por teclado, y en esa superposición de capas la música encontró nuevos diálogos internos, nuevas melodías, y ese color que viaja desde lo nostálgico hasta lo esperanzador.

Lo visual

Los graffitis los filmé caminando por las calles de Rosario. Hay algo brutal en muchos de ellos: denuncian injusticias, expresan asfixia urbana. Otros rescatan la belleza, el amor, la lucha en medio del caos. En la edición, encontré que junto con la música podían también componer una coreografía propia, y así se fue enhebrando un relato que no estaba previamente planificado.

La música

Mi intención inicial fue, deliberadamente, componer un tango. La influencia más directa que recuerdo es un vinilo de Astor Piazzolla que tenía mi viejo y que escuché infinidad de veces, casi extasiado: «Libertango».
Sin embargo, estudié muy contadas partituras de tango y desconozco las claves técnicas del estilo, así que mi aventura resultó sin querer en una fusión de estilos, liberándose (o quizás libertángose) de cualquier categoría o género.

La mirada

La mayoría de la gente pasa al lado de los graffitis sin verlos, pensando en sus cosas, como si no existieran. Los colores están ahí, pero mientras nadie se detenga a observarlos, son solo ruido. «Lo que hay en tu mirada» es lo que hace la diferencia. El observador crea el significado, es un despertador de sentidos, es la voz de un contrapoder que se alza como un stop repentino en el vértigo del consumismo.

¿Qué hay en tu mirada
cuando caminás tu ciudad?

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