
Preludio
Tiza pastel sobre cartón, 90 x 60 cm
En los años 90, después de un paso fugaz por la escuela de Bellas Artes en Rosario, todavía sentía el impulso de seguir pintando. En esa época yo estaba completamente fascinado con la figura de Salvador Dalí. No solo con su obra, sino también con su pensamiento y su obsesión por iluminar las riquezas —y algunas miserias— escondidas en el inconsciente.
Siguiendo los pasos del maestro, me dediqué lo más pulidamente posible a la técnica mientras dejaba que las imágenes se presentaran de manera espontánea, no racional.
Con el tiempo, las metáforas fueron cobrando un significado profundo, y en particular esta escena es la que más me sigue resonando.