Sobre mí
¿Qué es comunicar?
Llevo 30 años diseñando y recién ahora creo tener una respuesta honesta.
Comunicar es construir un puente entre lo que realmente sos y quien necesita escucharte.
Ese puente no se construye con herramientas. Se construye con criterio.
La inteligencia artificial cambió las reglas: hoy cualquiera puede ejecutar un diseño técnicamente correcto. Pero saber qué vale la pena comunicar y cómo hacerlo auténticamente… eso no se automatiza.
Empecé dibujando en el piso
Mi relación con el diseño no arrancó en una Mac de última generación. Arrancó en el suelo de mi casa, con hojas sueltas y un lápiz, tratando de darle forma a lo que imaginaba.
De chico también componía al piano y programaba en BASIC con una Sinclair Spectrum. Parecían mundos separados, pero me enseñaron lo mismo: crear es pensar con estructura y sensibilidad al mismo tiempo.
Cuando terminé el secundario me anoté en Bellas Artes y en Sistemas. Los dos. No era indecisión. Era intuir que el futuro iba a necesitar gente que entendiera tanto la emoción como la herramienta.
Aprendí diseño desde la imprenta
Mi primera escuela real fue una imprenta. Una Macintosh Classic con pantalla monocromática donde «diseñar» significaba entender la física de la tinta sobre papel.
Aprendí a validar cada detalle microscópico de impresión. Ese nivel de rigor te marca para siempre. Hoy puedo expandirme hacia cualquier pantalla porque sé exactamente qué hay detrás de cada píxel.
30 años viendo olas tecnológicas
Trabajé en agencias de Rosario. Acompañé a empresas como Rizobacter en su expansión internacional. Vi llegar el diseño editorial digital, la web, las redes sociales.
En cada transformación confirmé lo mismo: las herramientas se democratizan, pero el criterio se vuelve escaso.
Por qué la IA me entusiasma
La Inteligencia Artificial es el cambio más profundo que vi en mi carrera. Y paradójicamente, es el que más valida mi experiencia.
¿Por qué? Porque la IA eliminó la barrera técnica. Hoy cualquiera puede ejecutar un diseño técnicamente correcto.
Y eso devuelve el valor a lo más humano:
Saber qué vale la pena comunicar y cómo hacerlo auténticamente.
Si la ejecución ya no es el obstáculo, lo que marca la diferencia es el pensamiento estratégico, la capacidad estética y la honestidad del mensaje.