
Una escapatoria necesaria
Hubo un tiempo —hacia 2015— en que el ritmo de la agencia me ahogaba. Como director de arte, vivía entre briefs, revisiones y presiones que poco a poco iban apagando esa chispa con la que había empezado. Necesitaba un respiro, un territorio propio donde pudiera crear sin clientes, sin plazos, sin límites más allá de los que yo mismo quisiera poner.
Así descubrí el universo de los juegos de mesa.
No el de la infancia, sino otro: un ecosistema vibrante, casi secreto, donde cada caja guarda mundos enteros. Me sumergí en BoardGameGeek —la Wikipedia de los juegos de mesa— como quien explora un continente nuevo. Mecánicas ingeniosas, arte narrativo, comunidades apasionadas… y diseñadores que eran tratados como estrellas de rock. En Argentina no existe esa cultura lúdica, y eso lo hacía aún más fascinante: era un idioma que estaba aprendiendo desde cero.
